La secundaria “Ángela González de Menéndez”, ubicada en la comisaría de Popolnáh, Yucatán, lleva más de cuatro meses sin suministro de energía eléctrica, situación que ha obligado a decenas de estudiantes a tomar clases en condiciones extremas de calor y sin acceso a ventilación ni equipos electrónicos básicos.
Padres de familia y maestros expresaron su indignación durante una reunión celebrada el pasado 23 de mayo, en la que exigieron una solución inmediata a las autoridades educativas y municipales, así como a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), responsable del suministro eléctrico.
De acuerdo con testimonios de los docentes, desde que se presentó la falla en el servicio se han entregado al menos 30 oficios a la CFE solicitando el restablecimiento de la energía. Sin embargo, hasta ahora, la paraestatal no ha dado respuesta ni ha enviado personal técnico para atender el problema.
“Llevamos cuatro meses rogando que nos escuchen. Los oficios ahí están, sellados, pero no hacen nada. Mientras tanto, los niños sufren en las aulas, en pleno calor, sin ventiladores ni siquiera una lámpara para los días nublados”, denunció uno de los maestros.
El problema también ha sido expuesto ante la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán (SEGEY), sin que hasta el momento haya intervención efectiva por parte de la dependencia. Directivos escolares confirmaron que han informado repetidamente a SEGEY, pero afirman que la respuesta ha sido nula.
La molestia también se ha dirigido al Ayuntamiento de Tizimín, encabezado por el alcalde Adrián Quiroz, a quien los pobladores acusan de indiferencia. “Ni la CFE, ni la SEGEY, ni el municipio hacen algo. Parece que a nadie le importa que nuestros hijos estudien en el calorón, sin ventiladores ni luz”, lamentó un padre de familia durante el encuentro.
La comunidad escolar advierte que, de no recibir atención inmediata, organizarán una manifestación en las instalaciones de la escuela o frente al palacio municipal para visibilizar la problemática, que afecta directamente el rendimiento académico y la salud de los estudiantes.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa la precariedad en la infraestructura educativa de comunidades rurales y la falta de respuesta oportuna de las autoridades ante problemas básicos que vulneran el derecho a una educación digna. Mientras tanto, los estudiantes de Popolnáh continúan su formación entre sombras y sofocos, en espera de una solución que no llega.
