
El pasado viernes 29 de agosto un hecho de horror conmocionó a los vecinos de la colonia Landín, en Coahuila, luego de que un hombre de 52 años perdiera la vida tras ser atacado brutalmente por un perro de raza dóberman que ya había sido reportado como agresivo en diversas ocasiones.
La víctima, identificada como Pedro Alberto “N”, caminaba tranquilamente por la prolongación Álvaro Obregón, entre Manuel de Mederos y Luis Echeverría Álvarez, cuando el can lo sorprendió y lo derribó al menos dos veces. Durante el ataque, el animal lo mordió de manera grave en la ingle y le provocó múltiples golpes y lesiones en diferentes partes del cuerpo.
Testigos narraron que el dueño del perro intervino tarde y, tras separar al animal, lo llevó a su domicilio, donde lo aseguró en la azotea. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: Pedro Alberto fue trasladado de urgencia a un hospital con una probable fractura de fémur y heridas graves que lo mantuvieron internado cuatro días. A pesar de los esfuerzos médicos, su estado de salud se complicó hasta que finalmente falleció este viernes 29 de agosto.
La Comisaría de Seguridad informó que el propietario del dóberman fue asegurado y llevado en una patrulla para rendir cuentas ante las autoridades, aunque hasta el momento no se ha confirmado si quedó a disposición del Ministerio Público. La ley contempla que en casos donde un ataque animal provoque lesiones mortales, los dueños puedan ser acusados de homicidio culposo por negligencia.
El caso también abre la puerta a una posible indemnización para la familia de la víctima, que incluiría gastos médicos, funerarios y reparación del daño moral. Mientras tanto, el futuro del perro agresor quedará en manos de control animal, que suele optar por el sacrificio en este tipo de situaciones, aunque asociaciones protectoras mantienen un intenso debate sobre la pertinencia de esta medida.