
Más allá del fútbol americano, la final se transformó en un fenómeno cultural con mensajes de identidad, controversias políticas y un impacto global.
Daniela Granados
El Super Bowl 2026 no solo concentró la atención mundial por el enfrentamiento entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots, sino que también se convirtió en un reflejo de las tensiones culturales, políticas y de identidad que atraviesan hoy a Estados Unidos.
Celebrado en Santa Clara, California, el Super Bowl LX el evento televisivo más visto en Estados Unidos volvió a trascender el ámbito deportivo para convertirse en un espejo del momento sociocultural que vive el país. Cada año, la final de la NFL no solo reúne audiencias masivas, sino que también captura el “zeitgeist” el espíritu de la época de la nación.
Este año, uno de los momentos más comentados fue el espectáculo del medio tiempo, encabezado por el artista puertorriqueño Bad Bunny. Su presentación, completamente en español, marcó un hito histórico dentro de un evento tradicionalmente dominado por el inglés y por figuras del pop anglosajón. La decisión de incluir una actuación así representa el creciente reconocimiento de la cultura latina en Estados Unidos, donde más de 65 millones de personas hablan español y forman una de las comunidades más influyentes demográficamente.
La actuación rompió barreras culturales y generó reacciones encontradas: mientras millones celebraron el momento como una poderosa muestra de diversidad cultural, sectores conservadores expresaron críticas y organizaron espectáculos alternativos en protesta.
Además del componente cultural, el Super Bowl también se consolidó como un motor económico de alcance internacional. En México, por ejemplo, se proyectó una derrama económica de 56,000 millones de pesos vinculada al evento producto del consumo en reuniones, bares y establecimientos relacionados con la transmisión del partido y los tradiciones que lo rodean.
En este contexto, el Super Bowl se perfila no solo como el punto culminante de la temporada de la NFL, sino también como un enorme escenario donde deporte, consumo, identidad cultural y debate político convergen, reflejando así las transformaciones internas de la sociedad estadounidense.
Lejos de ser un simple espectáculo deportivo, el Super Bowl 2026 se posiciona como un fenómeno global capaz de revelar las dinámicas culturales, económicas y sociales que moldean la actualidad en Estados Unidos y más allá de sus fronteras.
