Ciudad de México.– Un video difundido en redes sociales ha generado indignación y preocupación entre usuarios, luego de que se evidenciara a un trabajador de un puesto ambulante rellenando un garrafón con agua de una fuente pública para utilizarla en la preparación de alimentos en el Centro Histórico de la capital.
Las imágenes, compartidas por la cuenta ANROComunicación, muestran al hombre llenando un recipiente de gran capacidad en la fuente de la Plaza de Tlaxcoaque, ubicada entre las estaciones del Metro San Antonio Abad y Pino Suárez. Posteriormente, el garrafón es trasladado al puesto de comida donde el agua presuntamente es utilizada para distintas actividades relacionadas con la preparación y manejo de alimentos.
De acuerdo con lo observado en el video, el líquido sería empleado para lavar verduras, enjuagar alimentos, limpiar utensilios y loza, así como para la higiene personal de los trabajadores, lo que representa un grave riesgo sanitario para los consumidores.
Especialistas en salud advierten que consumir alimentos contaminados puede provocar enfermedades gastrointestinales graves, como gastroenteritis, fiebre tifoidea, disentería, amebiasis e incluso hepatitis A. Estas afecciones suelen originarse por deficiencias en la higiene o por el uso de agua no potable, condiciones que favorecen la proliferación de bacterias y parásitos.
Cabe señalar que el agua de las fuentes públicas no es apta para consumo humano, ya que generalmente proviene de procesos de tratamiento destinados a usos industriales, agrícolas o de riego, por lo que no se garantiza la eliminación total de patógenos o sustancias químicas nocivas.
Además, la fuente de la Plaza de Tlaxcoaque opera mediante un sistema de circuito cerrado, lo que implica que el agua se recicla constantemente. En el mismo video se observa que personas en situación de calle utilizan el lugar para bañarse, lo que incrementa considerablemente el nivel de contaminación del agua.
El caso ha reavivado el debate sobre los riesgos sanitarios del consumo de alimentos en la vía pública, así como la necesidad de reforzar las inspecciones y controles de higiene en puestos ambulantes, especialmente en zonas con alta afluencia de personas como el Centro Histórico de la Ciudad de México.
