Por Eduardo Zarate
Un acto de acoso contra la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, desató indignación nacional y terminó con la detención del agresor, luego de que un hombre la abrazara por la espalda e intentara besarla durante un recorrido público en el Zócalo capitalino.
Los hechos ocurrieron mientras la mandataria convivía con asistentes y se tomaba fotografías. En medio del tumulto, el sujeto en aparente estado de ebriedad se acercó por detrás, la sujetó de manera inapropiada y realizó tocamientos indebidos. Sheinbaum reaccionó con firmeza pero sin perder la compostura, apartándose y continuando su recorrido mientras elementos de seguridad retiraban al individuo.
Minutos más tarde, el presunto responsable, identificado como Uriel “N”, fue detenido en calles del Centro Histórico y puesto a disposición de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México por posibles delitos de acoso y abuso sexual.
Durante su mensaje matutino, la presidenta confirmó que presentó denuncia formal y subrayó que este hecho debe servir como mensaje claro: ninguna mujer, sin importar su cargo o su contexto, debe ser víctima de violencia o acoso en espacios públicos.
El caso generó una ola de reacciones en redes sociales y organizaciones que exigieron sanciones ejemplares, señalando que la agresión contra la presidenta refleja la vulnerabilidad a la que están expuestas las mujeres en México.
Autoridades capitalinas reiteraron que existe cero tolerancia hacia este tipo de conductas y que el proceso legal seguirá su curso.
