- Sicario disfrazado de médico burló la seguridad
La violencia en Tijuana alcanzó un nuevo nivel de audacia e impunidad tras el asesinato de Wendy, una mujer de 38 años, quien fue ejecutada por un sicario disfrazado de médico dentro del Hospital General de Tijuana. El crimen ocurrió pocas horas después de que la víctima sobreviviera a un primer atentado a balazos en la Delegación San Antonio de los Buenos.
Según información oficial, Wendy fue atacada inicialmente por un grupo armado y, tras recibir múltiples impactos de bala, fue trasladada al hospital donde los médicos lograron estabilizarla. Sin embargo, el intento por salvarle la vida fue frustrado por un segundo ataque cuidadosamente planeado.
De acuerdo con las investigaciones preliminares, un hombre se infiltró en el hospital portando uniforme médico completo —filipina y pantalón quirúrgico— lo que le permitió transitar sin obstáculos por los pasillos del centro de salud. Las cámaras de seguridad captaron al sujeto fingiendo estar al teléfono mientras esperaba el momento oportuno para actuar.
El asesinato ocurrió cuando el personal médico salió momentáneamente de la habitación donde se encontraba Wendy. El agresor ingresó, sacó un arma de fuego y disparó en repetidas ocasiones contra la paciente, quien murió al instante.
Luego del crimen, el sicario escapó del hospital junto con otros dos hombres que lo esperaban en la entrada. Un cuarto cómplice los aguardaba en el estacionamiento a bordo de un vehículo, con el que huyeron del lugar antes de que las autoridades pudieran detenerlos.
Elementos de la Fiscalía General del Estado de Baja California acudieron de inmediato al hospital y comenzaron una investigación. Se ha iniciado una carpeta de investigación por el homicidio y se realizan entrevistas con el personal médico y administrativo que se encontraba en turno la noche del crimen.
Hasta el momento, no hay detenidos, aunque las autoridades cuentan con imágenes de las cámaras de videovigilancia y testimonios clave. El caso ha generado gran indignación por la vulnerabilidad en los protocolos de seguridad de uno de los hospitales públicos más importantes del estado.
Este asesinato evidencia una alarmante escalada de violencia en Baja California, donde incluso los centros médicos —espacios tradicionalmente protegidos— se han convertido en escenario de crímenes de alto impacto.
La Fiscalía continúa con las indagatorias mientras la comunidad exige justicia y una revisión urgente de los protocolos de seguridad en instalaciones hospitalarias.
